Ya lo decía Rothko

Está de moda hablar de educación y ya era hora. Nos ponemos en entredicho como estamos educando a las nuevas generaciones ya que los resultados están siendo realmente nefastos. Nuestro mayor logro es los llamados ni-ni’s acompañados de una situación económica, laboral  y social que no es alentadora  para que se produzca un vuelco rápido de la situación.

Hay que tomar el  toro por los cuernos y empezar a saltarse la normativa y la burocracia para poder hacer cambios realmente necesarios y profundos.  Como esperemos a que haya un pacto de estado, será mejor que nos echemos hacia atrás con una bolsa de pipas y nos pongamos a contemplar las jugadas políticas.

Perdónenme tanta brusquedad y tan exaltado inicio,  porque no me quiero desviar del tema y ponerme en modo critica a la españa profunda y menos aún sin tener la respuesta o propuesta como carta alternativa; pero cuando uno empieza a adentrarse en el tema y comienza a leer (qué sabio es leer, por cierto) se da cuenta que no estamos inventando la rueda.

Para poder iniciar un cambio real hay que volver al pasado, hay que retraerse hacia el primitivismo,  hacia la frescura y lo arcaico del ser humano con la intención más consciente de ir hacia delante.

Rothko hablaba asi de la ley de la vida espiritual en su entendido sobre lo que Pfister decía ya en los años veinte en ¨Psicoanálisis al servicio de la educación¨. Desde estos pensamientos, justificaba su obra y protestaba contra las definiciones museísticas de lo que se catalogaba como ¨arte contemporáneo americano¨.

Retomando fragmentos de textos del artista, el expresionismo, tal y como hizo el Renacimiento, o Rousseau predicando sobre ¨el regreso a la naturaleza¨ o Nietzsche y la tragedia griega, fue una vuelta a la contemplación de la vida por primera vez, una nostalgia a la visión infantil y un intento de  revivir la frescura y la ingenuidad.

El movimiento expresionista se convierte en un niño en contra de la norma y la tradición; pero es un niño desde el punto de vista de un adulto analizando e investigando los elementos más básicos e interpretando su entorno fuera de los convencionalismos de años de pintura anterior.

El  niño pinta, desde la necesidad más profunda de su ser, para que la palabra se haga rapidamente realidad.  El profesor le deja hacer para que surja el instinto y los elementos más primitivos. No trata de decirle qué hacer, siguiendo modelos tradicionales e imitando; sino más bien se le pregunta, inspirando confianza, que le gustaría expresar y cómo podría expresarlo.

La respuesta es extraordinaria.  Surgen seres pensantes, independientes, con una gran capacidad creativa, sin que el  fin sea crear artistas sino mas bien se trata de un proceso pedagógico, desde mi punto de vista perdido en algún momento de la historia.

Rothko ya lo manifestaba. ¨La escuela progresiva es un símbolo de liberalismo” y ninguna creación original, por muy inteligente que ésta sea, tendrá posibilidad alguna de futuro a menos que tome algo del pasado.”

Es por ello que denuncio y me  manifiesto, si me lo permiten, para hacer una pausa y repensar el pasado. Reclamo retomar los pensamientos de artistas como Rothko donde el protagonista por excelencia sea el niño, donde no nos disponemos a decir con firme precisión lo que tiene que ser educar sin tener en cuenta al protagonista principal. Espero por tanto, una toma de conciencia y simplemente pongo sobre la mesa un punto de partida para encontrar las claves de hacia donde podría ir la educación. No como un todo absoluto, sino más bien como un inicio del camino.

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